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SALA DE PRENSA

Rescata Susana Harp la santa negritud musical mexicana en las Fiestas del Pitic 2009
23 de mayo de 2009



 

 
Hermosillo, Sonora, 23 de mayo 2009.- Dulces y nostálgicas canciones en mixteco, zapoteco y náhualt, boleros en la más fina tradición de Álvaro Carrillo, alegres chilenas y sones contagiosos, estuvieron presentes en las Fiestas del Pitic 2009, a través de la voz melodiosa de la cantante Susana Harp y el rescate que ha emprendido de la herencia musical afromestiza en México.
 
    Durante su presentación en el escenario de las Noches de Cabaret de estos festejos, la artista oaxaqueña interpretó temas de su producción discográfica más reciente, “Fandangos de ébano. Canciones afromexicanas y otros conjuros”, en la cual se da a la tarea de rescatar los ritmos legados por las comunidades de ascendencia africana que se asentaron en nuestro país.
 
    Explicó que en la llamada Costa Chica mexicana, entre Guerrero y Oaxaca, existen muchas comunidades afromestizas, lo mismo que en Veracruz y otras regiones del sureste de México, cuyos ritmos y tonalidades han impregnado al 75 por ciento de la música mexicana, según estudios formales realizados por reconocidos etnomusicólogos.
 
    Y a través de este rescate de la música afromexicana, la intención de Susana Harp se extiende al reconocimiento que merecen los descendientes mestizos de esa sangre africana llegada al Nuevo Mundo bajo la institución abominable de la esclavitud.
 
    “Nunca nadie nos dijo que Vicente Guerrero, por ejemplo, formaba parte de esa comunidad afromestiza, pues era hijo de madre mulata. Tampoco se ha reconocido a un importante personaje del movimiento independentista, el negro Yanga (Gaspar Nyanga), líder auxiliar de la rebelión en Veracruz”.
 
    Por ello la importancia de impedir que se pierda esa gran tradición musical que nos han heredado, precisó al tiempo de relatar una anécdota de un guanajuatense de ascendencia afromexicana que cruzó a Estados Unidos de manera ilegal. Una vez allá lo deportaron, pero por su piel oscura nadie le creyó que su nacionalidad fuera mexicana y lo enviaron a Panamá, donde tardó seis meses en conseguir que la embajada de nuestro país pudiera corroborar su origen y lo regresaran a su tierra natal.
 
    Todo esto, explicó, es sólo como introducción para cantar “Negra consentida”, una canción compuesta por el también actor Joaquín Pardavé, quien no la escribió por mera casualidad, pues él es originario de Pénjamo, Guanajuato, donde tiene asiento una gran comunidad de afromexicanos.
 
    En el concierto, Susana Harp también interpretó temas del inmortal Álvaro Carrillo, como una sentidísima versión de su bolero “Seguiré mi viaje”, así como una impresionante “Llorona” para recordar al también inolvidable Andrés Henestrosa, uno de los participantes en esta composición que, a la fecha y gracias a la colaboración popular, tiene ya más de 500 versos.
 
    En el recuento de esta herencia de la santa negritud en la música mexicana, también destacó los sones jarochos, los sones de artesa, boleros y las chilenas, un género autóctono de Chile, pero que se quedó en la Costa Chica –volviéndose más alegue y bullanguero- cuando miles de personas de ese país navegaban hacia California, durante la fiebre del oro, a finales de 1800





 

 

 

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